Los Educadores han sido mis “muletas”

Esto es lo que para una joven significa el Acompañamiento Educativo. Hace unos días, en el transcurso de una interesante charla-coloquio con estudiantes del Ciclo Superior de Técnico Integración Social del IES Sierra Bermeja, Milagros, una estudiante del Ciclo, lanzó está idea: “para mí, mis mejores educadores han sido mis muletas. Siempre me han servido de apoyo”. La metáfora estaba cargada de profundidad. Porque unas muletas son eso, un apoyo que va contigo, pero que no te suplanta. Unas muletas sirven para que utilices tus propias energías para impulsarte, pero no te sustituye. “Unas muletas no son como una silla de ruedas, -añadía otro compañero- , de ésas que te llevan de un lado para otro, como un peso muerto, sin que tú hagas nada”. Teníais mucha razón, chavales. Los educadores hemos de ser como muletas y no como sillas de ruedas. Los educadores no podemos tomarnos el lujo de llevar a la gente de acá para allá a nuestro antojo como un peso muerto. Los educadores no podemos tratar a las personas como objetos, sino como lo que son: sujetos, personas protagonistas de sus propias historias. Por eso los educadores hemos de ser muletas que acompañen e impulsen a las personas en la construcción de su propio camino. Ni que decir tiene lo afortunado que uno se siente de encontrarse en el camino a chicos/as como vosotros. Gracias por todo lo aprendido y compartido esa mañana.

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La leyenda de Procusto y la educación como molde

Cuentan que Procusto, un personaje de la mitología Griega, vivía en los cruces de los caminos. Allí era hospitalario con los caminantes que pasaban, les daba cobijo en su casa y les ofrecía una cama. Sin embargo, una vez atrapados en ella, si los caminantes excedían el largo de la cama Procusto les cortaba las extremdidades. Por el contrario, si los viandantes no “daban la talla” los martirizaba y los descoyuntaba en el potro hasta forzarles sus extremidades y que éstas resultaran de la medida exacta. La educación corre el riesgo de convertirse en la Cama de Procusto, en un proceso de modelado, donde las singularidades de las personas lejos de ser reconocidas y potenciadas, son reducidas, cinceladas y recortadas. Como decía José Manuel Esteve, la educación puede ser un proceso de modelado, cuyo afán es controlar y adaptar al otro a los moldes establecidos, o puede ser un proceso donde los moldes sean sustituidos por la creatividad. Un proceso artesanal de co-creación de piezas únicas, singulares y plenas.

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