La leyenda de Procusto y la educación como molde

Cuentan que Procusto, un personaje de la mitología Griega, vivía en los cruces de los caminos. Allí era hospitalario con los caminantes que pasaban, les daba cobijo en su casa y les ofrecía una cama. Sin embargo, una vez atrapados en ella, si los caminantes excedían el largo de la cama Procusto les cortaba las extremdidades. Por el contrario, si los viandantes no “daban la talla” los martirizaba y los descoyuntaba en el potro hasta forzarles sus extremidades y que éstas resultaran de la medida exacta. La educación corre el riesgo de convertirse en la Cama de Procusto, en un proceso de modelado, donde las singularidades de las personas lejos de ser reconocidas y potenciadas, son reducidas, cinceladas y recortadas. Como decía José Manuel Esteve, la educación puede ser un proceso de modelado, cuyo afán es controlar y adaptar al otro a los moldes establecidos, o puede ser un proceso donde los moldes sean sustituidos por la creatividad. Un proceso artesanal de co-creación de piezas únicas, singulares y plenas.

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